Cartagena
Muy pocas ciudades en el mundo tienen la magia de Cartagena. Su encanto le viene desde la historia, cuando los españoles la moldearon como una gran muralla de piedra para que los protegiera de los barcos enemigos y de las contiendas en tierra firme. Pero también levantaron mansiones de enorme tinte colonial, iglesias, plazas, castillos y otra serie de fortificaciones que hoy, luego de varios siglos, se mantienen rígidas y excelentemente conservadas, las cuales la hacen tan interesante como hermosa.
Su ubicación estratégica, en toda la entrada de Suramérica y como punto de partida hacia todos los lugares del Caribe, se convierte en otra de sus fortalezas y en uno de los objetivos principales para que tantos extranjeros la consideren como una buena plaza de inversión.
Esta posición también le confiere ser siempre el punto de reuniones y de eventos de gran envergadura, como es el caso del Reinado Nacional de la Belleza, el Festival Internacional de Cine y el de Música del Caribe, el Hay Festival y el Congreso de la Lengua Española o de los encuentros presidenciales y de negocios de gran talante, que conglomeran –anualmente- a personas de todo el orbe, quienes siempre terminan por dejarse conquistar de la nobleza de su gente, de la alegría que generan sus playas y su mar y por ese contraste especial que proyectan sus edificaciones, tanto modernas como antiguas, que obligan a repetir la experiencia y a comprar desde un lote hasta una vivienda de grandes pretensiones.
Sin embargo, quizás el imán más fuerte de Cartagena sea el hecho de que es una buena anfitriona, pues en ella no hay tiempo para aburrirse: ofrece los mejores planes de diversión desde que la embarga el sol hasta cuando la hechiza la luna. Sencillamente, es como dicen coloquialmente algunos, un buen vividero o el sitio para hacer grandes negocios. |